PERSONAJES                            

Pedro Bonifacio Palacios: escritor, poeta y narrador

 

Almafuerte

 

Poesías de Pedro B. Palacios / Producción de Villa Crespo Digital

 

BIOGRAFÍA - 1854 - 1917

8 de diciembre del 2014

Pedro Bonifacio Palacios, su seudónimo Almafuerte, nace en la ciudad de San Justo, Provincia de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854. Muerta su madre y abandonado por su padre siendo un niño, la crianza del poeta quedó a cargo de familiares.
Amante de la pintura, solicitó una beca oficial para perfeccionarse en Europa, pero le fue negada. Se dedicó a la enseñanza en la provincia de Buenos Aires, a pesar de no tener título habilitante. A los 16 años dirigió una escuelita en el pueblo de Chacabuco (donde conoció a Sarmiento, en 1884), y más tarde en Trenque Lauquen.
En 1887 se radicó en la ciudad de La Plata, donde trabajó en el diario "Buenos Aires" durante tres años. Luego dirigió el diario "El Pueblo". Su labor periodística fue intensa y de lucha. Para esa época, muchos diarios ya levantaban artículos y versos de Almafuerte (algunos publicados con otros seudónimos, ya que utilizó varios en su trabajo periodístico). También fue bibliotecario y traductor de la Dirección General de Estadísiticas.
En 1894 regresó a la escuela de Trenque Lauquen, pero fue destituido en 1896 por sus poemas contrarios al gobierno. A pesar de estos inconvenientes gozaba de gran reputación gracias a sus textos publicados en los diarios.
Durante su vida adoptó cinco chicos. No aceptó ningún empleo público, ya que criticaba a quienes vivían a expensas de los impuestos de la gente, razón que le trajo continuos problemas económicos.
En vida publicó dos libros y mucha de su obra inédita se ha perdido, no obstante lo cual fue un poeta popular.
Sus composiciones, que reciben el nombre de milongas, son de un tono predicativo. Evangélicas (1915) fue la obra más representativa de su estilo.
En la ciudad de La Plata, donde pasó gran parte de su vida, Almafuerte falleció el 28 de febrero de 1917, a los 62 años de edad. La principal referencia de este poeta, sus obras, manuscritos, dibujos, se conservan en esta ciudad, en un museo que lleva su nombre.

Obras de Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)
1906 Lamentaciones
1907 Siete sonetos medicinales
1917 Poesías
1918 Nuevas Poesías
1919 Discursos

Textos para leer de Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)
Avanti Poesía
La yapa

¡AVANTI! 

¡AVANTI! 

Si te postran diez veces, te levantas 
otras diez, otras cien, otras quinientas: 
no han de ser tus caídas tan violentas 
ni tampoco, por ley, han de ser tantas. 
Con el hambre genial con que las plantas 
asimilan el humus avarientas, 
deglutiendo el rencor de las afrentas 
se formaron los santos y las santas. 
Obsesión casi asnal, para ser fuerte, 
nada más necesita la criatura, 
y en cualquier infeliz se me figura 
que se mellan los garfios de la suerte . . . 
¡Todos los incurables tienen cura 
cinco segundos antes de su muerte! 

¡PIU AVANTI! 

No te des por vencido, ni aun vencido, 
no te sientas esclavo, ni aun esclavo; 
trémulo de pavor, piénsate bravo, 
y arremete feroz, ya mal herido. 
Ten el tesón del clavo enmohecido 
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo; 
no la cobarde estupidez del pavo 
que amaina su plumaje al primer ruido. 
Procede como Dios que nunca llora; 
o como Lucifer, que nunca reza; 
o como el robledal, cuya grandeza 
necesita del agua y no la implora... 
Que muerda y vocifere vengadora, 
ya rodando en el polvo, tu cabeza! 


¡MOLTO PIU AVANTI! 

Los que vierten sus lágrimas amantes 
sobre las penas que no son sus penas; 
los que olvidan el son de sus cadenas 
para limar las de los otros antes; 
Los que van por el mundo delirantes 
repartiendo su amor a manos llenas, 
caen, bajo el peso de sus obras buenas, 
sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes! 
¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos! 
¡nunca sigas impulsos compasivos! 
¡ten los garfios del Odio siempre activos 
los ojos del juez siempre despiertos! 
¡Y al echarte en la caja de los muertos, 
menosprecia los llantos de los vivos! 

¡MOLTO PIU AVANTI ANCORA! 

El mundo miserable es un estrado 
donde todo es estólido y fingido, 
donde cada anfitrión guarda escondido 
su verdadero ser, tras el tocado: 
No digas tu verdad ni al mas amado, 
no demuestres temor ni al mas temido, 
no creas que jamás te hayan querido 
por mas besos de amor que te hayan dado. 
Mira como la nieve se deslíe 
sin que apostrofe al sol su labio yerto, 
cómo ansía las nubes el desierto 
sin que a ninguno su ansiedad confíe... 
¡Trema como el infierno, pero rie! 
¡Vive la vida plena, pero muerto! 

¡MOLTISSIMO PIU AVANTI ANCORA! 

Si en vez de las estúpidas panteras 
y los férreos estúpidos leones, 
encerrasen dos flacos mocetones 
en esa frágil cárcel de las fieras, 
No habrían de yacer noches enteras 
en el blando pajar de sus colchones, 
sin esperanzas ya, sin reacciones 
lo mismo que dos plácidos horteras; 
Cual Napoleones pensativos, graves, 
no como el tigre sanguinario y maula, 
escrutarían palmo a palmo su aula, 
buscando las rendijas, no las llaves... 
¡Seas el que tú seas, ya lo sabes: 
a escrutar las rendijas de tu jaula! 

VERA VIOLETA 

En pos de su nivel se lanza el río 
por el gran desnivel de los breñales; 
el aire es vendaval, y hay vendavales 
por la ley del no fin, del no vacío; 
la más hermosa espiga del estío 
ni sueña con el pan en los trigales; 
el más dulce panal de los panales 
no declaró jamás: yo no soy mío. 
Y el sol, el padre sol, el raudo foco 
que fomenta la vida en la Natura, 
por calentar los polos no se apura, 
ni se desvía un ápice tampoco: 
¡Todo lo alcanzarás, solemne loco, 
siempre que lo permita tu estatura! 

LA YAPA 

Como una sola estrella no es el cielo, 
ni una gota que salta, el Océano, 
ni una falange rígida, la mano, 
ni una brizna de paja, el santo suelo: 
tu gimnasia de cárcel, no es el vuelo, 
el sublime tramonto soberano, 
ni nunca podrá ser anhelo humano 
tu miserable personal anhelo. 
¿Qué saben de lo eterno las esferas; 
de las borrascas de la mar, la gota; 
de puñetazos, la falange rota; 
de harina y pan, la paja de las eras?... 
¡Detente, por piedad, pluma no quieras 
que abandone sus armas el idiota! 

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