PERSONAJES                            

Otro hombre de Villa Crespo: de la cultura nacional

 

Leopoldo Marechal

 

Poesías / Producción de Villa Crespo Digital

 

ÍDOLO

 

Alfarero sobre el tapiz de los días,

¿con qué barro modelé tu garganta de ídolo

y tus piernas que se tuercen como arroyos?

 

Mi pulgar afinó tu vientre

más liso que la piel de los tambores nupciales.

He puesto cuerdas al arco nuevo de tu sonrisa

y engarcé dos noches en el sitio de tus ojos...

 

¡Ídolo de los alfareros!

Yo se que redondeas el cántaro de la mañana

y lo pintas de sol

y lo llenas con una luz rota de pájaros.

Ídolo de los alfareros

que se sientan sobre el tapiz de los días...

 

He quemado a tu pie

la madera fragante de mi palabra.

El viento no deshojó todavía

un tulipán de música más bonito que tu nombre.

 

¡Haz que maduren los frutos

y que la lluvia deje su país de llanto,

 

ídolo de los alfareros

que se sientan sobre el tapiz de los días!

 

Si no mis odios bailarán

sobre la tierra de tu carne...

 

 

CREDO A LA VIDA

 

Creo en la vida todopoderosa,

en la vida que es luz, fuerza y calor;

porque sabe del yunque y de la rosa

creo en la vida todopoderosa

y en su sagrado hijo, el buen Amor.

 

Tal vez nació cual el vehemente sueño

del numen de un espíritu genial;

brusca la senda, el porvenir risueño,

nació tal vez cual el vehemente sueño

de un apóstol que busca un ideal.

 

Padeció, la titán, bajo los yugos

de una falsa y mezquina religión;

veinte siglos se hicieron sus verdugos

y aun padece, titán, bajo sus yugos

esperando la luz de la razón.

 

Fue en la humana estultez crucificada;

murió en el templo y resurgió en la luz...

¡Y, desde alli, vendra como una espada,

contra esa Fe que germino en la nada,

contra ese dios que enmascaro la cruz!

 

Creo en la carne que pecando sube,

creo en la Vida que es el Mal y el Bien;

la gota de agua del pantano es nube.

Creo en la carne que pecando sube

y en el Amor que es Dios.

¡Por siempre amén!

 

 

DEL ADIÓS A LA GUERRA

 

¡No ya la guerra de brillantes ojos,

La que aventando plumas y corceles

Dejó un escalofrío de broqueles

En los frutales mediodías rojos!

 

Si el orgullo velaba sus despojos

Y el corazón dormía entre laureles,

¡Mal pude, Amor, llegarme a tus canceles,

Tocar aldabas y abolir cerrojos!

 

¡Armaduras de sol, carros triunfales,

Otros dirán la guerra y sus metales!

Yo he desertado y cruzo la frontera

 

Detrás de mi señora pensativa,

Porque, a la sombra de la verde oliva,

Su bandera de amor es mi bandera.

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