PERSONAJES                            

Otro hombre de Villa Crespo: de la cultura nacional

 

Leopoldo Marechal

 

Por Elena Luz González Bazán especial para Villa Crespo Digital, Cortázar habla de Marechal y poesías

 

LEOPOLDO MARECHAL y ADÁN BUENOSAYRES

ADÁN BUENOSAYRES

R.I.P.

 

10 de noviembre del 2005

 

Se han cumplido 105 años del nacimiento del gran poeta, periodista, narrador y literato Leopoldo Marechal.

 

Ese hombre enigmático de las grandes letras argentinas, que pocos escritores toman como ejemplo, tanto, desde las formas literarias hasta su compromiso con lo popular, con lo propio, lo suyo.

 

El barrio, la biblioteca, los cambios, la descripción y el colorido de una prosa que atrapa y muestra prejuicios, insatisfacciones, preocupaciones y dolores, amores y sentires humanos.

 

A partir, de esos personajes elaborados en sus novelas, fundamentalmente Adán Buenosayres, que nos cuenta sobre la historia, el progreso, los avatares de un barrio, este de Villa Crespo.

 

Que navega en su propia creación, en la construcción y, en una conformación, al calor de una sociedad distinta, diferente, pero, a la vez parecida a toda una ciudad que muda rápidamente su fisonomía.

 

Destrozado por la crítica del momento, y no menos olvidado por la actual, Julio Cortázar, de quien también se olvidaron, dijo en su momento que era un ¨gran acontecimiento para las letras argentinas...¨

 

La prosa de Marechal es la narrativa de un hombre espléndido cuando escribe y que transmite esos cambios.

Cuestiona y suma esperanzas, mezcla y se ubica en un lugar de lucha, de disputa.

 

Por su prosa pasan la religión, la educación, la función pública, cree en los movimientos populares y en las transformaciones.

Tiene compromiso y decisión hacia esa obligación, sin embargo, será como otro grande de la literatura nacional: Roberto Arlt, un eterno olvidado.

 

Desde la llegada democrática a fines de 1983, en las sucesivas ferias del libro, Artl, Cortázar, Marechal, aparecerán simplemente reflejados en las chapas de auditorios que nos dicen que allí se presenta un libro.

 

La literatura, actual, sumergida en la comercialización, en la lucha por la venta y en el análisis cuantitativista de los resultados del mercado, elevará, a la cima de los escritores, a aquellos que sumen en sus arcas personales más de algunos miles de ejemplares. Esto por supuesto sin importar la narrativa, el contenido, ni siquiera la forma.

 

Esta es la vorágine del resultado, del posibilismo y de los ¨éxitos¨ económicos. A un segundo plano, o mejor dicho, muy relegados han quedado el compromiso, la decisión y la obligación de retribuir algo, mínimo, de lo recibido.

 

Serán, nuevamente, sus propias necesidades personales, siempre alejadas de lo solidario, de la comprensión de llegar a escribir y transmitir hacia esas grandes masas ¨silenciosas¨ que nada entienden de su prosa, de su mensaje y mucho menos comparten sus ¨frivolidades¨. Son los exponentes del individualismo intelectual, el que se pergeño en los tiempos del horror, y se fomentó durante la democracia sin compromiso popular. Son los que elaboraron el lenguaje de la gente, difuminando lo popular, el pueblo como expresión de conjunto y compromiso.

 

Los grandes del pensamiento ocupan simplemente un lugar demasiado alejado de su propia realidad. Nuestro compromiso está con los nuevos aires que se respiran, la cultura, la aparición y parición de lo popular es un contrato eterno, está en nosotros recuperarlo…

 

Leopoldo Marechal es un símbolo

 

Las primeras líneas del Adán fueron escritas en París, Francia en 1930. 

 

¨Una gran angustia signa el andar de Adán Buenosayres y su desconsuelo amoroso es proyección del oro desconsuelo que viene de los orígenes y mira a los destinos. arraigado a fondo en esta Buenos Aires después de su Maipú de infancia y su Europa de hombre joven, Adán es desde siempre el desarraigado de la perfección, de la unidad, de eso que llaman cielo. Está en una realidad dada, pero no se ajusta a ella más que por el lado de fuera, y aun así se resiste a las órdenes que inciden por la vía del cariño y las debilidades... Muy pocas veces se había sido tan valerosamente leal a lo circundante, a las cosas que están ahí mientras escribo estas palabras, a los hechos que mi propia vida me da y me corrobora diariamente, a las voces y las ideas y los sentires que chocan conmigo y son yo en la calle, en los círculos, en el tranvía y en la cama... Para alcanzar esa inmediatez, Marechal entra resuelto por un camino ya ineludible si se quiere escribir novelas argentinas, vale decir que no se esfuerza por resolver sus antinomias y sus contrarios en un estilo de compromiso, un término aséptico entre lo que aquí se habla, se siente y se piensa, sino que vuelca rapsódicamente las maneras que van correspondiendo a las situaciones sucesivas, la expresión que se adecua a su contenido.

 

Julio Cortázar 1949

 

 

 

La erótica

(fragmentos)

 

Tuve un segundo encuentro en el Tuyú

 

junto al mar que bramaba como un toro

 

y en cierto mediodía de salitre.

 

Acostado en las algas vi al Amor

 

doble y uno en su forma de andrógino admirable:

 

la parte del Varón (crines y bronces)

 

y la de la Mujer (plumas y rosas)

 

buscaban la unidad en un abrazo

 

de dos metales puestos en crisol.

 

Y digo que, a mi vista, la región de la hembra

 

se iba trocando en la región del macho

 

y la del macho en la de la mujer,

 

las crines y las plumas en fusión,

 

los bronces y las rosas confundidos,

 

hasta no ser ni el macho ni la hembra,

 

sino los dos en uno y en ninguno.

 

Con el primer encuentro se puede hablar de Amor:

 

con el segundo nace la Erótica infinita.

 

5

 

De cualquier modo, este poema logra

 

su posibilidad en las nociones

 

de un Amante, un Amado y un Amor.

 

Y si yo, por azar fuese un Amante,

 

la canción ya tendría sus dos piernas en marcha.

 

Pero, ¿soy yo un Amante? Recordemos.

 

Desde mi promoción a la esfera del hombre,

 

doy siempre, si me tocan, un sonido de amor.

 

Golpeada con la rosa o el martillo,

 

tañida por el agua o por el fuego,

 

rozada en su tangente por la bestia o el ángel,

 

un tamboril de amores fue mi alma

 

y a todo ha respondido con idiomas de amor

 

11

 

Siguen ahora las operaciones

 

que realizamos Elbiamada y yo

 

en los artículos de nuestra

 

separación y enfrentamiento.

 

Yo vestí su terrible desnudez

 

(su pecho encabritado, su vientre de mercurio

 

sus piernas de azafrán)

 

con estrofas aturdidas y cortadas

 

en los talleres de la primavera.

 

Yo la calcé de antílope o de viento,

 

y en sus tobillos puse las ajorcas livianas

 

que saben tintinear a medianoche.

 

Yo le di brazaletes para el día

 

y anillos deslicé por sus falanges.

 

Aromas elegidos prendí yo a sus narices,

 

aros y sinfonías a su oreja.

 

Yo fabriqué para sus ojos nuevos

 

toda una ontología de caballos y frutas.

 

Y así vestida y adornada ella,

 

la tomé por Esposa.

 

Y la luna y el sol bailaron juntos

 

al redoblar de los tambores ebrios,

 

pues el vino corrió de los lagares

 

y subió hasta cubrir las rodillas del toro.

 

Y por ser dos en uno, busqué su posesión

 

en todas las posturas unitivas del átomo.

 

Y éramos dos en uno y el dos hace llorar.

 

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El principio y el fin es el Amor,

 

la cohesión primera, sin diferenciaciones.

 

La perfección activa del Amante,

 

La excelencia pasiva del amado

 

se confunden en tan poderosa unidad.

 

Y forman el andrógino divino,

 

por el cual el Amante y el Amado

 

no son dos todavía,

 

ya que se aprietan en la beatitud

 

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Credo

 

Creo en la vida todopoderosa,

 

en la vida que es luz, fuerza y calor;

 

porque sabe del yunque y de la rosa

 

creo en la vida todopoderosa

 

y en su sagrado hijo, el buen Amor.

 

Tal vez nació cual el vehemente sueño

 

del numen de un espíritu genial;

 

brusca la senda, el porvenir risueño,

 

nació tal vez cual el vehemente sueño

 

de un apóstol que busca un ideal.

 

 

Padeció, la titán, bajo los yugos

 

de una falsa y mezquina religión;

 

veinte siglos se hicieron sus verdugos

 

y aun padece, titán, bajo sus yugos

 

esperando la luz de la razón.

 

Fue en la humana estultez crucificada;

 

murió en el templo y resurgió en la luz...

 

¡Y, desde allí, vendrá como una espada,

 

contra esa Fe que germino en la nada,

 

contra ese dios que enmascaro la cruz!

 

 

Creo en la carne que pecando sube,

 

creo en la Vida que es el Mal y el Bien;

 

la gota de agua del pantano es nube.

 

Creo en la carne que pecando sube

 

y en el Amor que es Dios.

 

¡Por siempre amén!

 

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Canción

 

¡Has de hacer un gran ramo

 

con todas tus palabras, hilandera!

 

Con las grandes palabras que llovieron

 

más redondas que frutas en un día sin hiel;

 

con tus grandes palabras

 

caídas como soles hasta el silencio mío...

 

 

Has de hacer un gran ramo con tus voces,

 

y estarán las pequeñas,

 

las que fueron semillas aventadas por tu carinio de cien manos;

 

y estarán las que ardieron como sal en la llama de tu júbilo, amiga.

 

 

Con todas tus palabras

 

has de hacer un gran ramo

 

para el amor que ha muerto;

 

para el amor que ha muerto a mediodía,

 

junto a la fuente de los ocho cisnes...

 

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El árbol

 

Hay en la casa un Árbol

 

que no plantó la madre ni riegan los abuelos:

 

solo es visible al niño, al poeta y al perro.

 

 

Su primavera no es la que fundan las rosas:

 

no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.

 

Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar

 

caballos irascibles, por tierras de azafr{an.

 

Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:

 

el enigma es del niño, del poeta y del perro.

 

 

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,

 

vestidos de cordura florecen los varones;

 

y Amor, en pie de guerra, se desliza

 

de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.

 

Entonces el sabor de algún cielo perdido

 

desciende con el llanto de los recién nacidos.

 

Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,

 

sobre los techos llueven sus hojas invisibles,

 

y, horizontal, cruza las altas puertas

 

alguien que por el cielo desaprendió la tierra.

 

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:

 

el enigma es del niño, del poeta y del perro.

 

Luego regresamos todos a la Ciudad de la Yegua Tobiana.

Consagré los días que siguieron a la lectura de los dos manuscritos de Adán Buenosayres me había confiado en la hora de su muerte, a saber: El Cuaderno de Tapas Azules y el Viaje a la Oscura Ciudad de Cocadelphia. Aquellos dos trabajos me parecieron tan fuera de la común, que resolví darlos a la estampa; en la seguridad de que se abrirían un camino de honor en nuestra literatura. Pero advertí más tarde que aquellas páginas curiosas no lograrían del público una intelección cabal, si no las acompañaba un retrato de su autor y protagonista. Me di entonces a planear una semblanza de Adán Buenosayres: a la idea original de ofrecer un retrato inmóvil sucedió la de presentar a mi amigo en función de vida y cuánto más yo evocaba su extraordinario carácter, las figuras de sus compañeros de gesta, y sobre todo las acciones memorables de que fui testigo en aquellos días , tanto más se agrandaban ante mis ojos las oportunidades novelescas del asunto...

Este es el comienzo del prólogo del Adán Buenosayres, su presentación.

 

ADÁN BUENOSAYRES

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