HISTORIA

EFEMÉRIDES

 

6 DE ABRIL

 

Villa Crespo Digital 

 

 
6 de Abril de 1661

Real Audiencia de Buenos Aires

 

Los máximos tribunales fueron las Reales Audiencias, eran tribunales de apelación de segunda instancia, establecidas en las colonias por la corona española.

Arbitraban acerca de cuestiones criminales, civiles y especialmente en materia de fiscalización de los intereses del Estado.

Buenos Aires era una aldea, para mediados del siglo XVII era exactamente esto: una aldea. Pero también era ya un centro de contrabando favorecido por la confluencia de ríos en su puerto.

 

Por ello, uno de los fines de instalar la Audiencia fue la de combatir esa práctica que, en verdad, sostenía la economía rioplatense. Hasta 1661, la Audiencia de Charcas (actual Sucre, Bolivia) tenía jurisdicción sobre Buenos Aires, Paraguay y Tucumán.

Luego de 8 años de existencia, y sin satisfacer el fin para el que había sido creada, fue desarticulada por el gobierno peninsular.

 

1852
Entre el general Justo José de Urquiza, los gobernadores de Buenos Aires y Corrientes y un representante de la provincia de Santa Fe, se firma el Protocolo de Palermo, que inviste a Urquiza como representante en las relaciones exteriores y en los negocios generales de la República. Se resuelve hacer efectivo el Pacto Federal de 1831. Pero la resistencia de Buenos Aires era clara.

 

·                     La resistencia de Buenos Aires a la autoridad de Urquiza

Justo José de Urquiza hará ingentes esfuerzos por inspirar confianza en los pobladores de la ciudad.

 

Las primeras decisiones serán en esta senda. Luego de la Batalla de Caseros da a conocer objetivos pacifistas: el famoso no hay ni vencedores, ni vencidos, que se utilizará un siglo después, pero que jamás fue verdad.

 

Entre sus puntos estuvo proponer el olvido del pasado y la necesidad de trabajar en bien y progreso del país; pidió concordia y tolerancia a todos.

 

Después designó gobernador provisorio de la provincia al doctor Vicente López y Planes, autor del Himno Nacional y personaje vinculado al pasado rosista. López formó su ministerio con nombres que resultaran aceptables para los porteños: Valentín Alsina, Luís José de la Peña, Benjamín Gorostiaga, Vicente Fidel López y el general Manuel Escalada.


Pero los esfuerzos de ambos funcionarios y gobernantes serán estériles. El círculo que dominaba en ese momento la provincia de Buenos Aires procuraba el fracaso de la organización federal emprendida por Urquiza. No estaba dispuesto a resignar la autonomía del nuevo Estado provincial tras el vacío de poder dejado por la caída de Rosas.

 

El problema esencial estaba en un tema económico y político: la aduana y el puerto. En este contexto, Urquiza pasaba a ser un obstáculo. Incluso la idea de asesinar al gobernador entrerriano pasó por las mentes de los políticos porteños. Julio Victorica, testigo clave de la época por su cercanía a Urquiza -fue funcionario del ministerio de relaciones exteriores de la Confederación y secretario privado del general entrerriano durante la década de 1860-, señalaba que, en los días de la batalla de Caseros, el general en jefe de las fuerzas brasileñas había advertido al general Urquiza acerca de una conspiración en su contra.

 

No obstante Urquiza continuó con su tarea organizativa. El 6 de abril de 1852 reunió en Palermo a los gobernadores de Buenos Aires, Corrientes, y al representante de Santa Fe, quienes, sumados a la propia representación de Entre Ríos, acordaron en un protocolo lo siguiente:

Queda autorizado el expresado Exmo. Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, General en Jefe del Ejército Aliado Libertador, Brigadier don Justo José de Urquiza, para dirigir las Relaciones Exteriores de la República, hasta tanto que, reunido el Congreso Nacional, se establezca definitivamente el Poder a quien compete al ejercicio de este cargo.

 

También se decidió la reunión de la Comisión Representativa con sede en Santa Fe que ordenaba el Pacto Federal de 1831 y el envío de una circular a las provincias haciendo conocer lo resuelto.
Pero las intrigas contra Urquiza no cesaron. Si bien la comisión de negocios constitucionales de la Legislatura de la provincia de Buenos Aires aprobó el proyecto presentado por el diputado Francisco Pico respecto del nombramiento de Urquiza como encargado de las relaciones exteriores, el presidente de dicha comisión, Dalmacio Vélez Sársfield, aconsejó otorgar a Urquiza sólo un voto de gracias "por haber libertado a Buenos Aires del tirano que la oprimía".

 

Esta postura, que daba a entender que los porteños consideraban finalizada la tarea del vencedor de Caseros y no permitirían su intervención en los asuntos internos del Estado porteño, fue aprobada por unanimidad y presentada ante Urquiza por los comisionados Vélez Sársfield, Montes de Oca y Gamboa.

Además, según Victorica, se lanzaron acusaciones de que Urquiza se había pasado a los porteños para instalar un gobierno unitario. Es así que se le reprochó al vencedor de Caseros y a sus soldados que hubiesen entrado en la ciudad de Buenos Aires y a la cabeza del ejército vencedor llevando poncho blanco y sombrero de felpa.
Asimismo, ciertos actos impolíticos del general Urquiza, tales como fusilamientos sin proceso y el restablecimiento del uso del "cintillo punzó" contribuyeron a exacerbar la sensibilidad porteña en contra del general entrerriano. Esta última decisión de Urquiza provocó un movimiento de protesta, y dio motivo al ministro Alsina para dictar un decreto el 15 de febrero, afirmando que el cintillo punzó que adornaba la frente de los valientes que componían el ejército libertador no era un signo del odioso sistema derribado, pero, para evitar malas interpretaciones, el gobierno hacía saber que su uso no era obligatorio. Este decretó no cayó bien a Urquiza, que el día 21 hizo pública una proclama imprudente que empeoró aún más la situación. En ella afirmaba que sólo a la estrechez de miras de los unitarios se había debido el fenómeno del omnímodo poder de Rosas, les echaba en cara el fracaso de todas sus tentativas, en que habían "sucumbido sin honor", y agregaba:

Hoy mismo asoman la cabeza, y después de tantos desengaños, de tantas lágrimas y sangre, se empeñan en hacerse acredores al renombre odioso de salvajes unitarios, y con inaudita impavidez, reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece, de una victoria en que no han tenido parte, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición y anárquica conducta.

 

Con ello Urquiza no logró sino exaltar aún más los ánimos y dio armas a los que estaban interesados en demostrar que el propósito del general victorioso era humillar a los porteños. Por su parte, éstos no olvidaban la pasada alianza entre Urquiza y Rosas, y temían que la delegación de las relaciones exteriores al primero resultase en una reedición de la dictadura rosista.

 

FUENTES: Calendario porteño, Efemérides Culturales Argentinas y fuentes propias

 

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