Los libros no están hechos para pensar, sino para ser sometido a investigación.

Umberto Eco

 
2015

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Si supiese qué es lo que estoy haciendo, no le llamaría investigación, ¿verdad?

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"¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir 'amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan".

FEDERICO GARCÍA LORCA

COMUNA 15 / VILLA CRESPO/ LA HISTORIA DEL BARRIO / BARES Y CONFITERÍAS

LA HISTORIA DEL BARRIO / BARES Y CONFITERIAS

Por Elena Luz González Bazán especial para Villa Crespo Digital

20 de enero del 2015

En la cultura nacional, pero sobre todo en la porteña, el Café significó el lugar de encuentros, entre amigos, de festejos, de trabajo, donde discutir la realidad política.

Fue el encuentro de intelectuales, de hombres de las ciencias. Hubo un momento para la reunión política entre militantes.
O simplemente fue el lugar donde se encontraban para hablar de los afectos.
El vamos a tomar un café es la frase que se metió en el corazón de los habitúes. Cada momento, cada acontecimiento estuvo rodeado por ¨vamos a tomar un café¨.

Allí se armaron proyectos, se diluyeron pasiones, se hizo historia, se escribieron poesías, y se vio por distintos lugares a quienes nos precedieron en el camino de la vida.

Dio pie al descanso, a la recreación y al momento de relajación. Pero también fue el momento de gruesas discusiones y fuertes confrontaciones que marcaron nuestra vida política.

El café no estuvo, ni está separado del momento político. Es normal, cotidiano que dos personas cuando toman un café discutan sobre la problemática política, sobre los cambios económicos. O bien se encuentren para jugar al pool, ahora, al billar antes.
El café significó siempre, y ahora más, el lugar para discutir sobre fútbol, el apasionamiento de los porteños luego del partido del domingo. En los tradicionales bares de Buenos Aries, es común ver a los porteños y no tanto, mirando y discutiendo sobre fútbol, una pasión de multitudes...
Por esto, hoy queremos recordar los cafés de nuestro barrio que daban sobre la antigua Triunvirato, hoy Corrientes, desde Raúl Scalabrini Ortiz a Juan B. Justo.

BAR Y CONFITERIA LA PERLA

Ubicado en una de las esquinas de Scalabrini Ortiz y Corrientes, concurrían a él las familias más caracterizadas del barrio. Durante el verano y a la manera madrileña se colocaban mesas en las veredas. Se efectuaban también, reuniones musicales, especialmente de pianistas. Hace diez años estaba El Cafetal, luego una sucursal de alfajores Havanna y posteriormente una heladería. En la actualidad una inmobiliaria. Todo cambia...

BAR IMPERIO CANNING

Ubicado también en una de las esquina de Raúl Scalabrini Ortiz y Corrientes. Su historia se inicia a fines del siglo XIX, cuando allí estaba ubicado el famoso almacén de Tacchella. Este almacén era el lugar obligado para detenerse y hacer compras. Para los lecheros, carreros y boyeros era el paso ineludible para hacer una parada. Que hacían por el camino llamado Ministro inglés (actual Scalabrini Ortiz) o por el camino a Moreno (actual avenida Warnes).
Más tarde, este almacén se transformó en un despacho de bebidas, donde concurrían elementos orilleros de no muy buena fama, como el famoso cuchillero “Manco” Ferreyra, cuyo apodo era “El Tigre”.
Su muerte fue recordada en un Poema de Jorge Luis Borges, titulado “El Títere”.

“El hombre, según se sabe,
tiene firmado un contrato
con la muerte, en cada esquina
lo anda acechando el mal rato.
Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato:
se mudó a un barrio vecino;
el de la Quinta del Ñato”.

También fue el punto obligado de reunión de jóvenes escritores que concurrían a la famosa librería de Manuel Gleizar, como por ejemplo: Cesar Tiempo, Samuel Eichelbaum, Leopoldo Marechal, González Tuñon y otros.
Más adelante, se transformó en una casa de comidas, con el tiempo se transformó en la actual pizzería. Posteriormente, fue abandonada a su suerte por los dueños y los trabajadores se hicieron cargo. Teniendo que dejar el lugar, los 32 trabajadores se repartieron en tres distintos locales. Hoy, solo continúa Angelito, ubicado en Camargo casi esquina Scalabrini Ortiz.

CAFE RIVOLI

Estaba ubicada en Corrientes 6280. Tenía la particularidad de contar con una fila de mesas y asientos con altos respaldos en uno de los costados y un largo mostrador en el otro.
Más tarde incorporó naipes, dados y dominó. Se había constituido en un punto de reunión de un grupo de amigos, todos ellos, socios y simpatizantes del Club Atlético Atlanta.

CAFE BAR CORRIENTES

El mismo estaba ubicado en Corrientes 5275, el local que ocupaba el Banco Israelita.
Este café era muy concurrido por los vecinos de la colectividad judía.
Aquí era factible comprar todo tipo de cosas y se lucubraba cualquier aventura económica.

CAFE COLON

Ubicado en una de las esquinas de Malabia y Corrientes. Punto de reunión en horas del mediodía y la tarde, de jóvenes, la mayoría, socios del otrora Círculo Gurruchaga situado frente a la Iglesia de San Bernardo y también del Ex-Club Israelita, que se encontraba en Corrientes 5350 al lado de un gran mercado.

CAFE BAR Y BILLARES “SAN BERNARDO”

Ubicado a la altura de Corrientes al 5400. Primitivamente fue sede de la Agencia Villa Crespo del Banco de la Nación. Poseía la sala de billares de mayor importancia de la zona y, por supuesto, una de las de mayor capacidad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Numerosos billaristas de renombre, efectuaron en su local exhibiciones o participaron en torneos, aquí podemos mencionar a los hermanos Navarro, Bonomo y otros.

Otra de las actividades y que no le iba en zaga, era el ajedrez. Numerosos parroquianos lo jugaban y muchos de ellos, al agruparse fundaron el círculo de ajedrez de Villa Crespo.

Hace ya bastante tiempo, en su entrada y a la izquierda, había un palco elevado por el cual desfilaron numerosos artistas y músicos.
La estatua de un perro San Bernardo parecía custodiar la tranquilidad del lugar Lechería La Esmeralda.
Esta popular lechería se encontraba en Corrientes 5461.

En las últimas horas de la noche y las primeras de la madrugada, la lechería se veía transformada en una verdadera peña. Allí se discutían todos los temas de actualidad mientras se comía el famoso “Bife con cebolla” a un precio irrisorio de 25 centavos. También, entre la especialidad de la casa se encontraban los suculentos chocolates con churros, ensaimadas y medias lunas.

CAFE EL IMPARCIAL

Ubicado en una de las esquinas que forman las calles Corrientes y Acevedo.
Hace mucho tiempo, en este local estaba instalado un almacén con despacho de bebidas, tenían una parte dedicada a la venta de artículos alimenticios y, en la otra, un estaño para el despacho de bebidas, con algunas mesas en donde se jugaba al truco.
El estaño, era un largo mostrador con pincela de bronce, hierro o aluminio.
Posteriormente, este negocio fue adquirido por la firma Álvarez, Fonticcelli y Menini, que lo convirtieron en Bar y tomó el nombre de “Alcalá”.

CAFE MITRE

Desde el 600 al 700 de Triunvirato (Corrientes 5433) estaba ubicado el Café Mitre. Largas veladas eran amenizadas por el gran músico Juan Bava y su orquesta típica. En tanto que en forma esporádica lo hacía la orquesta del “Negro” de la Cruz, autor del tango “El Ciruja”.
En una de las paredes del Café, estaba colgado un gran tablero, en el cual se daban a conocer los resultados de los partidos de fútbol y la posición de los equipos.

MODERNO BAR

Emplazado en Corrientes y Gurruchaga, posee una larga e interesante historia que vamos a relatar.
Primitivamente, en los primeros años de la década del 20, se había instalado un café, concurrido por los guapos de la zona, entre los que se encontraban:
“El Cocherito”. “El Toro”, “pepe el Panadero” que levantaba con su hombro un camión de su propiedad para cambiar una goma pinchada. “El Cura”, “Domingo El Diariero” con su parada en Gurruchaga y Corrientes, etc.

Debido a sus frecuentes reyertas y peleas, se lo llamaba La Puñada.

En 1928 es comprado por dos japoneses, pero los problemas continuaban, de ahí, que la policía se ve en la necesidad de clausurarlo.
Más adelante, se instala el primer bar y restaurante mecanizado, totalmente automático y en el cual los platos eran colocados en hilera vertical, protegidos por vidrios circulares. Al colocar una moneda de 10 centavos, se abría una ventana y se podía tomar el plato elegido.
La picardía criolla encontró la forma de reemplazar la moneda por diferentes elementos y de esa manera comían gratuitamente.
Con el tiempo y, ante el asombro general, se instaló allí el moderno bar, con mesas de billar, reservado, mesas con manteles y otras novedades que llamaban la atención.

Como vemos, la historia es interminable, todavía quedan más, con sus particularidades e idiosincrasia, que reflejan las diferentes características de los vecinos de nuestro barrio.

FUENTE: Nº 111 mayo del 2001, corregido y actualizado.


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