Los libros no están hechos para pensar, sino para ser sometido a investigación.

Umberto Eco

 
2015

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Lunes, 27 Julio, 2015 17:29
 
 

Si supiese qué es lo que estoy haciendo, no le llamaría investigación, ¿verdad?

Albert Einstein

EL TIEMPO EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

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"¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir 'amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan".

FEDERICO GARCÍA LORCA

ARTE Y CULTURA / YRIGOYENISMO - JAURETCHE

YRIGOYEN Y EL MEDIO PELO
ARTURO JAURETCHE HABLA DEL YRIGOYENISMO

Producción de Villa Crespo Digital

28 de julio del 2015

Pero ocurre en ese momento una circunstancia excepcional: la primera guerra europea y la neutralidad argentina. Se interrumpen los suministros manufactureros del exterior y el país aprovecha para diversificar algo su producción, reemplazando importaciones y creando actividades nuevas no dependientes del intercambio exterior lo que supone una dinámica en el mercado interno, en la producción y en el consumo que no estaba en los papeles imperiales. El ascenso que iba a interrumpirse recibe entonces un nuevo empuje, cuya causa está ahora referida a la profundización del mercado interno.

Aparece en escena el radicalismo: la ley Sáenz Peña le ha abierto el camino y a los triunfos electorales parciales de 1912 y 1914 le sucede la elección presidencial que lleva a Hipólito Yrigoyen a la Presidencia en 1916. El momento límite de la expansión agropecuaria es el momento en que la sociedad salida de ella llega al poder político y comienzan los balbuceos del cambio que se inicia con la primera guerra.

Se trata de una revolución aunque ella se haya civilizado por el camino del comicio, gracias al genio político de Sáenz Peña e Indalecio Gómez. Le tocó al radicalismo cumplir un papel nacionalizador, pues le dio cauce nacional a la inquietud política y a las aspiraciones de las clases medias surgidas de la inmigración, en el momento en que el país pudo constituirse en campamento de colonias extranjeras, si carentes de cauce argentino, los hijos de los inmigrantes se hubieran agrupado sin otra preocupación política y cultural que las de las colectividades originarias. La escuela pública y el radicalismo, en la niñez y en la juventud respectivamente, contribuyeron con los demás factores que ya se han enumerado a impedir el enquistamiento en colonias, al recibir en su seno a todos, en pie de igualdad, marginando las influencias nacionales de origen.
Esa clase media considerada en el capítulo anterior actuó entonces como tal, sabiendo que no era la alta clase argentina sino un componente de la nueva realidad del país; ella nutrió esencialmente las filas del radicalismo, alineándose detrás de viejos conductores que preferentemente provenían, en el litoral del alsinismo y en el interior del roquismo después de la desnacionalización de este, y en los que era fácilmente perceptible en muchos la continuidad familiar de la tradición federal como lo documenta Ricardo Caballero (Yrigoyen y la Revolución de 1905).

Pero expresión de la clase media en sus planos directivos intermedios, recibió en el interior el sufragio y el apoyo de la antigua "clase inferior". El sufragio hizo de nuevo un elemento activo en la vida política, del criollo postergado desde la caída del Partido Federal. La libreta de enrolamiento le dio al hombre del común una nueva jerarquía que había perdido cuando perdió la lanza; volvió a ser alguien cuando al ser ciudadano, hubo que contar con él. Mucho antes que su presencia en el Estado se tradujera en política social, la existencia de su voto determinó que se lo comenzara a respetar, y frente al juez de paz, el comisario o el patrón, tuvo "palenque donde rascarse" en el caudillo que echó la compensación de su amparo en la desigual balanza de la igualdad teórica; otra vez los "inferiores" pesaron y la política del sufragio obligó al gobernante, aun surgido de las clases privilegiadas, a contemplarlos como entidad humana.
Así, si en el litoral el radicalismo se manifestó como un movimiento de clases medias, en el interior significó el ascenso político de la vieja clase inferior dejada de la mano de Dios en el largo interregno antipopular. Por eso el fenómeno fue más complejo de los que suponen que sólo fue un partido con predominio de clase media de origen inmigratorio en Buenos Aires y el litoral, con apoyo obrero esporádico y parcial como dice Bagú. ("La realidad argentina en el siglo XX"). Lo acreditó Lencinas
en Mendoza y aquí sería de recordar la frase de Don José Néstor: las montañas se suben en alpargatas frente a la alternativa "libros o alpargatas" del socialista Américo Ghioldi; lo mismo, Vera y Bascary en Tucumán, Cantoni en San Juan, Mateo Córdoba, y después Miguel Tanco en Jujuy.

La llegada al poder del radicalismo no significó que el nuevo gobierno fuera a replantear las bases de la estructura económica argentina. Me parece acertado Ramos cuando dice (Op. Cit. tomo II): "Las transformaciones llevadas a cabo por el radicalismo yrigoyenista durante su primera presidencia, se dirigían a la superestructura del aparato gubernamental, y no alteraban las bases mismas del sistema oligárquico. Encarnaba un nacionalismo agrario fundado en los presupuestos mismos del país agropecuario y exportador heredado del siglo anterior... Yrigoyen buscaba tan sólo redistribuir la renta agraria, fruto de la condición semicolonial del país, en un sentido democrático. No se prepuso alterar los fundamentos agrarios del país, sino mejorar las condiciones de vida de aquellos que hasta ese momento habían estado excluidos de los derechos cívicos y de las ventajas económicas que podía 79 facilitar una política nacional... De ahí que en el radicalismo se sintieron representados desde los ganaderos menores
vinculados al mercado interno hacia los peones despojados de todo derecho, los hijos de extranjeros y los criollos nativos, la pequeña burguesía urbana que buscaba un lugar bajo el sol y los universitarios sin porvenir en una universidad gobernada por camarillas exclusivas, los obreros que no se sentían atraídos por la prédica del Partido Socialista porteño, los olvidados trabajadores del Nordeste, del Norte, del Centro y de Cuyo.

YRIGOYEN FRENTE A LA REALIDAD

Yrigoyen expresó solamente ese ascenso de la sociedad argentina que provenía de la economía agropecuaria, pero percibió el cambio de situaciones que motivaba el surgimiento de nuevas bases. Si el ideario del radicalismo estaba limitado en la forma que Ramos expresa, los hechos, la insuficiencia del crecimiento agrario tradicional, que tocaba sus límites y la transformación operada por la guerra que abría otras nuevas perspectivas con el surgimiento de actividades industriales y comerciales dirigidas esencialmente al mercado interno, imponían trascender los sagrados principios de la economía liberal que habían sido dogma hasta entonces. El cierre de la Caja de Conversión actuó sobre la moneda como factor proteccionista, la Ley de
Alquileres que tendía a un hecho inmediato terminó con la intangibilidad absoluta de la propiedad privada; la política ferroviaria del Estado fue a la búsqueda, en el Pacífico de nuevos mercados, la del petróleo propulsó su explotación oficial y marcó la necesidad de que nuestros yacimientos minerales no se mantuvieran como zonas de reserva de los consorcios; la ampliación de las funciones del Estado incorporó servicios imprescindibles a una sociedad moderna y la política obrera dio por primera vez personería al sindicato como expresión de fuerzas sociales que habían carecido totalmente de representación. (Te invito lector a que busques en los archivos de los diarios "serios" los indignados editoriales fundados en la "inadmisible" pretensión de que los obreros debatieran sus problemas en igualdad de situación con los gerentes de las grandes empresas de servicios públicos, recibidos en el mismo pie de igualdad en la Casa de Gobierno).

La ley 11289 que generalizaba las jubilaciones contó con idéntica oposición en la derecha y en la izquierda. (Estoy viendo la cabeza de la columna que marcharía de la Plaza Congreso a la Plaza de Mayo para pedirle su derogación a Alvear, como se consiguió. Allí está Joaquín de Anchorena y Atilio Dell´Oro Mini, presidente y secretario de la Asociación del Trabajo, fundadora de los “sindicatos libres” de “pistoleros”, junto a la plana mayor del Partido Socialista). La política de la neutralidad en la Primera Guerra fue una piedra de toque: los grandes diarios, la Sociedad Rural, el Jockey Club y el Círculo de Armas, Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones, Enrique Larreta, Alfredo Palacios (los recuerdo hablando en el mitin belicista del Frontón Buenos Aires, aquí a la vuelta en la calle Córdoba, donde yo también hacía el “idiota” ante la vibración democrática y culterana que los oradores administraban en dosis para adultos), los socialistas, los radicales “galeritas”, todos los que eran alguien de derecha a izquierda, con la sola excepción de unos pocos como Manuel Gálvez, el General Uriburu, Belisario Roldán a la derecha, del Valle Ibarlucea a la izquierda, todos vistos como desertores por los status consagrados de la inteligencia y la responsabilidad, como serían vistos después los pocos peronistas salidos de estos rangos.
La neutralidad expresaba en el plano de la soberanía lo que Yrigoyen expresaba en el plano económico y social. La existencia de un nuevo país para el que las fórmulas del liberalismo estaban perimidas porque no cabía dentro de ellas. No era un pensamiento orgánicamente definido, pero sí el balbuceo de una tentativa para manejarse por modos propios y hacia fines propios. La presencia del pueblo en el Estado, ahora con descendientes de inmigrantes y criollos, creaba un sentido nacional que había caído con la ausencia de las viejas multitudes federales. La realidad llevó a Yrigoyen a hacerse el intérprete del país que políticamente tenía detrás.
(…)

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