COMUNAS - COMUNA 7 / HISTORIA DEL BARRIO DE FLORES
 
 

 

COMUNA 7 / HISTORIA DEL BARRIO DE FLORES

Parte II

HISTORIA DEL BARRIO DE FLORES

COMUNA 7
Parte II

Por Elena Luz González Bazán especial para Villa Crespo Digital

22 de mayo del 2013

Este barrio, hoy tradicional en la Ciudad de Buenos Aires, fue fundamental cuando se decidió que aquel conglomerado de casas céntricas, más concretamente, el Caso Histórico, se transformara en la Capital de la República Argentina, en 1880. En 1886 junto a Belgrano y todo lo que quedaba en dicho recorrido conformarán esa ciudad capital.

EL CAMINO REAL

Camino Real hoy es la avenida Rivadavia, la más larga, antes decían del mundo, sí de la Argentina.

Había alrededor de este Camino Real unas 30 casas, para la actualidad con características históricas.

Por una ley del año 2000, del mes de octubre se declara a estas casas como parte del Área de Protección Histórica (A.P.H.)

LA MÁS ANTIGUA es la caso que perteneció a Antonio Millán, el cofundador del pueblo de Flores junto a Ramón Francisco Flores, estaba ubicada en Juan B. Alberdi al 2600, pero este monumento que debió perdurar está casi derruido, quedando de su estructura original casi nada.

Casona Marcó del Pont construida entre 1850 y 1870 sobre la calle Artigas 206, junto a la estación del Ferrocarril que comenzó a circular en 1857, su impulsor fue Antonio Marco del Pont, de origen español. En el año 1976 fue declarada Monumento Histórico Nacional, siendo conservada hasta la fecha, gracias a la actitud de los vecinos de Flores.

LA HISTORIA OCULTA Y SANGRIENTA DE BUENOS AIRES

Hay un pasaje que se llama La Porteña, en homenaje a la primera locomotora del Ferrocarril del Oeste, o más precisamente: Caminos de Fierro, que junto a La Argentina condujeron las primeras formaciones ferroviarias.
En ese pasaje entre el Camino Real y la actual Yerbal, se encuentra actualmente la escuela Fernando Fader. Desde el sótano se puede acceder a unos pasadizos no abiertos al público. Por bajo tierra recorre varias cuadras llegando a la Iglesia San José de Flores.

¿Qué se encuentra en las paredes del túnel?
Los grilletes usados para reprimir a los esclavos. Vale historiar que Buenos Aires fue un punto neurálgico del virreynato y la colonia en la introducción de esclavos provenientes de África y Brasil.

LA ESCUELA MÁS ANTIGUA

Está ubicada en Yerbal 2370, es la escuela museo Justo José de Urquiza, tiene una galería de arte con unas 320 obras entre pinturas y esculturas. En 1963, Benito Quinquela Martín donó su primer cuadro: "Hora azul en La Boca", en ocasión de apadrinar el museo existente.

APERTURA DE CALLES

La apertura de calles fue una constante en la novel ciudad capital, en tal sentido, el Cabildo comisionó al regidor de policía para que vigilara la construcción de edificios fuera de línea, pero, siempre hay un pero, los vecinos hicieron caso omiso y de tal forma muchas casas se construyeron indebidamente.

Millán había vendido la franja norte limitada por la actual calle Yerbal, la planta urbana de San José de Flores se recostaba en el Camino Real y hacia el Sur estaba limitada por la ¨ruta que viene de las Cañuelas por la puerta del finado Don Juan Diego Flores para la ciudad¨, como denomina un monumento de la época a la hoy Avenida Juan Bautista Alberdi.

En cuanto a la primera chacra, el límite norte estaba donde hoy se ubica la avenida Álvarez Jonte, en ese momento atravesada por otro ruta principal que casualmente, el virrey Sobremonte utilizará para salir de Buenos Aires colonial en 1806; era el
¨Camino al Monte Castro¨, hoy Avenida Gaona.

Mientras Millán vendía, los Flores se quedaban con fracciones de tierra por el norte y el sur.
Millán abrirá nuevas calles y el plano de 1825 aparecen en forma simétrica, pero las mensuras y la posesión fueron desprolijas, por esto, muchos propietarios avanzaron sobre terrenos públicos y no públicos, que le pertenecían y no.

LA ANARQUÍA

La crónica relata que en 1829 había un edificio que taponaba la esquina de Varela y Rivadavia, ya que varios vecinos habían erigido sus casas sobre la traza de Ramón Falcón. En tal sentido el Departamento Topográfico hizo aprobar un proyecto de nueva traza, en 1832.

Esto consistió en rodear al pueblo con una ancha calle de circunvalación, que servía de límite a las ¨irregularidades interiores¨ y amplió el casco urbano, incluyendo, dentro de las tierras de los Flores, por el este con lotes de la propiedad lindera que había pertenecido a los herederos del escultor Isidoro Lorea.

Este nuevo diseño de calles se marcó con mojones de madera, pero no se hizo obligatoria su apertura, lo que se esperaba que en un futuro próximo los mismos vecinos tumbaran esos edificios colocados indebidamente. Esto ocurre en el sur del pueblo que era el más poblado, en el norte subsistieron hasta la segunda mitad del siglo pasado, alrededor de 1850, extensas quintas indivisas que sufrieron grandes daños en las guerras civiles y llegaron durante el sitio de Lagos a desvalorizarse notablemente.

En 1856 la situación se había revertido. La población urbana había crecido notablemente y la municipalidad local consideró llegado el momento de abrir las calles al norte de Rivadavia como estaba programado, ante la opinión contraria de los propietarios afectados.
Las reacciones fueron airadas alegándose entre otros argumentos ¨la inseguridad en que vamos a quedar con nuestras familias e intereses en medio de calles abiertas por todos lados¨. Los propietarios habían realizados cuantiosas inversiones en la zona. Los jardines de la señora Inés Indarte de Dorrego diseñados y cuidados por jardineros franceses, constituían un ejemplo atractivo del pueblo. Demás está decir que está señora movió todas sus influencias para neutralizar estas medidas, sus ocho hectáreas de costosas arboledas y parque iban a ser divididas y atravesadas por cinco nuevas calles.
Los recursos de amparo demoraron cinco años la efectividad de la medida hasta que en julio de 1861, agotados los medios legales y pacíficos, la municipalidad derribó los cercos y abrió por la fuerza las vías programadas. Así terminó el proceso de urbanización iniciado por Antonio Millán y propuesto por el Departamento Topográfico.

26 DE FEBRERO DE 1870

La municipalidad de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1870 reciben el nombre.

LA IGLESIA DE FLORES

Imponente sobre la avenida Rivadavia, esta iglesia comienza a contruirse en noviembre de 1806. Son los propios vecinos que por su cuenta levantan la primera capilla sobre la actual calle Rivera Indarte con frente hacia el este. Era una construcción precaria, erguida con materiales muy mezquinos, con techos de paja sostenidos por tirantes de palmera. Al poco tiempo comenzó a mostrar filtraciones de agua y graves rajaduras en sus paredes, con lo que amenazaba a desplomarse sobre los feligreses.

Su primer cura fue Miguel García, que ocupa el cargo del curato en 1808, el primer trabajo fue reedificar la capilla.

García había egresado de las universidades de Córdoba y Chuquisaca, de una cultura poco común para la época. Con los años llegó a ser presidente de la Legislatura y más tarde, rector de la Universidad de Buenos Aires.

El papel de García: se trataba de edificar una edificio sólido y que durara en el tiempo. En tal sentido el padre García recorrió los comerciantes de la zona y les pidió ayuda. Logró que Ramón Francisco Flores donara doce mil ladrillos de primera calidad. Bien poco pudo hacer con el escaso dinero así obtenido, su feligresía era muy pobre y sus sucesores heredaron un templo a medio construir.

Los sucesivos párrocos, los Manuel José de Warnes, José Ignacio Grela y Nicolás Herrera son los que deben continuar y terminar la tarea.
Herrera llega a la parroquia en 1824. Para entonces, la capilla resultaba pequeña y los vecinos del pueblo, no obstante las cuatro misas del domingo, quedaban fuera sufriendo los rigores del sol o las inclemencias del frío. Herrera introdujo importantes reformas y se encargó de embellecer la iglesia con nuevas imágenes, colocando en el centro del altar mayor la del patrono San José, talla de notable calidad, del escultor Isidoro Lorea.

Por primera vez los vecinos pudieron escuchar música sacra proveniente de un pequeño órgano de construcción local, para el que se habilitó un nuevo coro de madera. Muchas de estas mejoras como la pintura, el dorado de los altares, las verjas, los cuadros, las campanas o los postes en el atrio para que los paisanos pudieran los domingos amarrar sus cabalgaduras se hicieron con generosas donaciones de vecinos de la capital, que por ese entonces ya comenzaban a edificar sus casas de descanso en el pueblo.

Cuenta la crónica que: contrariamente a sus antecesores, que militaron en forma activa en el partido federal, Herrera manifestó ingenuamente su simpatía por los unitarios y se solidarizó, en 1829, con la revolución de Lavalle, lo que motivó su remoción del curato al año siguiente. Nombrado, más tarde, capellán de la cárcel, los federales lo dejaron cesante en 1835, disgusto que provocó su muerte el 7 de diciembre de ese año.
A partir de febrero de 1830 lo había sucedido el doctor Martín Boneo, el mismo se dedicó a los dos proyectos prioritarios: edificar una nueva iglesia y erradicar el pequeño cementerio lindero trasladándolo a un lugar más amplio y menos urbanizado.
En dos meses, Boneo consiguió entusiasmar a los vecinos que apoyaron sus propuestas. De tal forma se abre una suscripción pública en todo el partido. El juez de paz resolvió destinar los importes de las multas a los contraventores para dicho fin y los feligreses más humildes ofrecieron su trabajo personal, cal, leña, pan, adobes y pequeñas sumas de dinero.

La construcción de la iglesia no tenía contrarios, todos la querían por lo que relatan las crónicas. Los de más dinero fueron convocados, como el caso los terratenientes Juan N. Terrero y Luis Dorrego y poco después obtuvo algo más importante: la solidaridad del gobernador Juan Manuel de Rosas, a quien nombró padrino del templo y quien jugaría un papel decisivo para su concreción.

Con Rosas, toda la sociedad porteña puso sus donaciones de diverso género para la nueva iglesia, desde dinero hasta ladrillos, rejas, verjas, puertas de cedro, manteles, alfombras o implementos de culto. Se trataba de mostrar quien era más generoso.
Los nombres de Encarnación Ezcurra y su hermana María Josefa, Manuel Vicente Maza, Lucio Mansilla, Ángel Pacheco, Juan José Paso, José Rondeau, Gregorio Perdriel, Gervasio Rosas, Juan José de Anchorena y tantos más fueron los aportantes.

El afamado ingeniero Felipe Senillosa, autor de los planos, toma a su cargo la dirección de la obra en forma totalmente gratuita.

Finalmente, la iglesia se inauguró el 11 de diciembre de 1831 con grandes festejos populares que se prolongaron durante toda la semana. Lo consagró el obispo Medrano con la presencia del gobernador Juan Manuel de Rosas. El p´rotico y la segunda torre se terminaron de construir en 1833.

FUENTES: varias y propias.

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