2014
POLÍTICA / HISTORIA / DOCTOR ILLIA
 
 

 

POLÍTICA / HISTORIA

DOCTOR ARTURO ILLIA / AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

La dictadura de Juan Carlos Onganía ajustó todas las piezas en función de imponer un estado autoritario y represivo

UNA LARGA NOCHE CONTRA LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

Por Elena Luz González Bazán especial para Villa Crespo Digital

15 de junio del 2008 / 5 de enero del 2013. Actualizado el 21 de enero del 2016

El digno presidente de la Nación, el médico de Pergamino que adoptó a Córdoba por su trabajo durante largos años en los Ferrocarriles Argentinos, Arturo Illia, fue desalojado de la Casa Rosada el 28 de junio de 1966.

A partir de esa foto histórica, acompañado por sus compañeros de ruta y una sociedad capitalina, siempre bastante apática, el entonces presidente Illia es obligado a dejar el gobierno. Había enfrentado al poder económico, en el orden mundial venía avanzando el capitalismo financiero bancario que estaba dejando los jirones del capital industrial a sus pies. Esencialmente, para nuestros países, en aquel momento histórico del Tercer Mundo, eran los estertores del capital industrial nacional que iba siendo acaparado, cooptado y comprado por las grandes multinacionales. Hoy se hablan de monopolios, pero, sin embargo, estamos, en la actualidad, en presencia de cárteles empresarios que tienen una diversidad de empresas e intereses. Por supuesto, Argentina dejó de tener un capital industrial nacional y hoy es un recuerdo.

Desde la Universidad Argentina, cuando ésta tenía una excelencia reconocida a nivel internacional, se opusieron a ese golpe de Estado y apoyaron la gestión de Illia.

Entonces, un mes después, con los partidos políticos inactivos, las instituciones cerradas, una parte importante de la denominada sociedad argentina a la deriva, no así, una parte del movimiento obrero que resistió a ésta y a todas las dictaduras. La Universidad de Buenos Aires llevó adelante el repudio al golpe de Estado cívico militar, por ello, la actitud del gobierno de Onganía no se haría esperar.

Es así que decretó la intervención de las universidades nacionales y le ordenó al ejército y la policía que reprimiera, esto se tradujo en expulsar estudiantes, profesores y académicos argentinos y extranjeros de los claustros universitarios.

La destrucción fue completa, alcanzó a laboratorios, bibliotecas de las casas de altos estudios y de la reciente y novedosa, para el momento histórico, computadora adquirida.

Las universidades y centros académicos del mundo se dieron el lujo de recibir a nuestros expulsados profesores e investigadores de muchas disciplinas, esencialmente de las ciencias exactas.
Por supuesto, dejaron de funcionar los centros de estudiantes y los militantes fueron perseguidos.

Esa larga noche se conoció como "La Noche de los Bastones Largos".

De aquel día se cumplirán, este año, 46 años, que dejó las profundas huellas hacia el futuro; en este presente constante de la realidad universitaria.
Fue un viernes, aquel 29 de julio cuando se difunde el decreto ley 16.912 que determina la intervención, prohibiendo la actividad política en las facultades y anula el gobierno tripartito (integrado por graduados, docentes y alumnos). Esta es la conocida Autonomía Universitaria.

De tal forma, los rectores deben convertirse en interventores, o sea, delegados del Ministerio de Educación, si quieren seguir en sus puestos. Les dan 48 horas de plazo para decidir si aceptan o renuncian, fue una clara imposición represiva.

La sede del Rectorado y las facultades de Arquitectura, Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, Ingeniería y Medicina son ocupadas por autoridades, profesores y estudiantes con el objetivo de resistir la violación de la autonomía.

Esa noche, Onganía ordena a la Guardia de Infantería el desalojo de las sedes tomadas, pese a que las 48 horas de plazo todavía no se habían cumplido, comienza lo que se conoce como "Operación Escarmiento".

Hoy, la represión es más conocida o reconocida, aquí como ahora se utilizaron los gases lacrimógenos, culatazos y bastonazos. Como corolario quedaron 400 estudiantes y profesores detenidos; renuncian a sus puestos todos los decanos de la UBA, también lo hicieron 1.400 docentes; trescientos científicos se fueron del país.

Marta Slemenson, realizó un estudio que lleva el título de "Emigración de científicos argentinos" es de 1970, producido para el área de investigación social del Instituto Di Tella, que dirigía Enrique Oteyza".

Los 1.378 docentes que renunciaron a la UBA se repartieron así: Agronomía y Veterinaria, 20 renunciantes (1,4% del total de docentes, 2 emigraron del país); Arquitectura y Urbanismo, 268 (19,4% y 9 emigrantes); Ciencias Económicas, 35 (2,5% y 3 emigrantes); Ciencias Exactas, 391 (28,3% y 215 emigrantes); Derecho, 66 (4,8% y 2 emigrantes); Farmacia y Bioquímica, 14 (1% y 3 emigrantes); Filosofía y Letras, 305 (22,1% y 42 emigrantes); Ingeniería, 180 (13% y 19 emigrantes); Medicina, 34 (2,5% y 6 emigrantes); Odontología, 2 (0,1% y ningún emigrante). En los institutos que dependían del Rectorado de la UBA renunciaron 63 docentes, que representaban el 4,9% del total.

La lista es aún más larga, pero la sangría aún perdura… no hubo imaginación al poder, sino represión del poder…

El tiempo, casi medio siglo ha transcurrido, lamentablemente aquella excelencia no se recuperó más… es válido volver a reconocer a Rolando García, decano de Ciencias Exactas, acaba de morir, el 15 de noviembre del 2012. Muchos, millones de argentinos más preocupados por el fútbol y el espectáculo no lo saben, no lo registran no se informan.

Parte importante de la sangría que hoy padecemos en materia educativa está en este momento histórico que es parte de un largo proceso, el cual debiéramos conocer y analizar.

No hubo imaginación al poder como los jóvenes franceses en 1968. La dictadura de Onganía sólo supo de la represión al poder…

Corregido y ampliado el 5 de enero del 2013

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